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“Mi vida en la casa es un infierno”: cronología a las señales de ayuda que Chuñil dejó en su culto evangélico y que complican a sus hijos formalizados por el crimen 

La formalización por parricidio contra tres de los hijos de Julia Chuñil se sostiene en una serie de antecedentes reunidos por la Fiscalía de Los Ríos durante más de un año de investigación. Entre ellos figuran una ficha clínica que advertía un entorno de “riesgo alto” por violencia intrafamiliar, testimonios de vecinos y familiares, y declaraciones de miembros de la iglesia a la que asistía la adulta mayor, donde en los meses previos a su desaparición pidió oraciones y manifestó públicamente estar siendo amenazada por uno de sus hijos.

Por Sebastián Palma y Jaime Pinochet 17 de Enero de 2026
Julia Chuñil
Julia Chuñil
Sandro Baeza
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El 27 de octubre de 2022, el Centro de Salud Familiar de Máfil elaboró una ficha clínica para una de sus usuarias. Era una adulta mayor de 70 años, diagnosticada con artrosis de cadera, obesidad y diabetes. Su nombre: Julia Chuñil.

El documento no se limitaba a consignar antecedentes médicos. También daba cuenta de su entorno. Según el informe, la señora Chuñil vivía en una situación de “riesgo alto” debido al consumo problemático de alcohol de uno de sus hijos y a la existencia de antecedentes de violencia intrafamiliar al interior de su hogar.

La ficha, firmada por la asistente social Yanet Bustos, cerraba con una sola palabra escrita al final, a modo de conclusión:

Vulnerabilidad.

¿Realmente Julia Chuñil vivía en una situación vulnerable?

Para la Fiscalía Regional de Los Lagos, que durante más de un año investigó su desaparición, la respuesta es afirmativa. Según el Ministerio Público, esa vulnerabilidad no solo existía, sino que estaba directamente vinculada a las constantes disputas con sus hijos. De hecho, tres de ellos fueron formalizados, acusados del delito de parricidio.

La audiencia de formalización se desarrolló el pasado jueves y viernes. En ella, el Juzgado de Garantía de Los Lagos dio por acreditados los antecedentes que vinculan a uno de los imputados, Javier Troncoso Chuñil, con el crimen, decretando para él la medida cautelar de prisión preventiva mientras dure la investigación.

En el caso de los otros dos hermanos, hubo un revés para la Fiscalía: el tribunal estimó que los antecedentes sobre su participación directa no eran suficientes para justificar la misma medida, resolviendo arresto domiciliario. La decisión ya fue apelada por el ministerio público.

Más allá del resultado de la apelación y de la medida cautelar que finalmente recaiga sobre los formalizados, lo cierto es que el Ministerio Público no solo expuso un relato sobre los últimos momentos de Julia Chuñil —quien, de acuerdo con la imputación, habría fallecido por asfixia provocada por su hijo Javier, en presencia de sus hermanos y de su exyerno, este último confeso—, sino que también presentó una secuencia de antecedentes que reconstruyen su historia familiar y el contexto de violencia y abandono en el que, según la investigación, se desenvolvía.

El relato de los compañeros de iglesia de Julia Chuñil

Julia Chuñil era creyente. Asistía a la Iglesia Del Señor el cual ganó por su sangre, congregación que mantiene dos cultos: uno en la comuna de Los Lagos y otro en Mariquina. La Fiscalía puso atención en ese espacio religioso luego de que un testigo de la causa declarara que Chuñil asistía de manera periódica y que, en ese contexto, había iniciado una oración porque —según dijo— estaba siendo amenazada por uno de sus hijos, sin precisar de quién se trataba. Esa declaración fue entregada el 14 de noviembre de 2025.

Con esos antecedentes, Carabineros —a cargo de la investigación a través del equipo SEBV— se acercaron a la iglesia y recogieron testimonios de personas que compartían con Chuñil en los cultos, cuyas identidades se mantienen en reserva en este reportaje.

Cuatro días después, un testigo identificado con las iniciales M.H.A.B. recordó la última vez que vio a Julia Chuñil. Declaró que fue en julio de 2024, durante un culto Del señor el cual ganó por su sangre. Según su relato, en el momento destinado a los agradecimientos y en presencia del pastor, Chuñil señaló que se encontraba “en tremendo peligro con uno de sus hijos”, situación que —agregó— la tenía muy afectada.

De acuerdo con esa misma declaración, el pastor respondió: “Hermana Julia, quizá el Señor le está dando una nueva oportunidad a usted para que se acerque a la Iglesia y al Señor, y que vuelva a ser la hermana feliz de antes”.

En una declaración posterior, entregada el 19 de noviembre de 2025, el pastor de la congregación —identificado en la causa con las iniciales D.B.V.A.— confirmó ese episodio y aportó nuevos detalles sobre lo ocurrido durante un culto realizado en invierno de 2024.

Según su testimonio, en el momento destinado a la gratitud, Julia Chuñil tomó la palabra y expresó: “Doy gracias a Dios y pido que oren por mí, ya que mi vida está en peligro, tanto en el bosque y en sus trayectos como también en mi casa, ya que tengo problemas graves con mi hijo”.

Otros testimonios recogidos por la Fiscalía refuerzan la versión de que Julia Chuñil manifestó públicamente sentirse amenazada en las semanas previas a su desaparición.

En una declaración entregada el 17 de noviembre de 2025, el testigo identificado con las iniciales E.J.C.C., encargado de la iglesia el sector Los Ciruelos, comuna de Los Lagos, señaló que vio por última vez a Chuñil dos o tres semanas antes de su desaparición, a mediados de octubre de 2024.

Según su relato, fue un jueves, en un culto que se realizó entre las 19:30 y las 21:00 horas. Ese día, Chuñil llegó acompañada por uno de sus hijos —sin poder precisar si se trataba de Javier o de José Luis—, quien no ingresó al templo pese a haber sido invitado, permaneciendo en el automóvil durante toda la ceremonia.

E.J.C.C. declaró que, durante el espacio destinado a los agradecimientos, Chuñil pidió la palabra e indicó que estaba siendo amenazada de muerte, sin identificar al responsable. Agregó que no era la primera vez que realizaba ese tipo de manifestaciones y que, incluso, en cultos realizados en la sede de Mariquina había señalado que la amenaza provenía de uno de sus hijos.

Esa versión fue corroborada en una declaración entregada el 18 de noviembre de 2025 por el testigo F.E.A.A., quien confirmó que la última asistencia de Chuñil al culto ocurrió ese mismo jueves, casi un mes antes de su desaparición. También ratificó que, en esa ocasión, mencionó en voz alta estar siendo amenazada de muerte, sin precisar por quién, aunque —según señaló— era conocido entre los asistentes que se refería a uno de sus hijos.

F.E.A.A. añadió que, dos o tres meses antes, Chuñil se veía distinta: más apagada y con problemas visibles, lo que habría incidido en que su asistencia a la iglesia se volviera menos frecuente y más irregular.

En tanto, en una declaración fechada el 23 de octubre de 2025, la testigo X.E.A.M. señaló que Julia Chuñil solía asistir a los cultos junto a su hija Jeannette, especialmente los domingos. En su testimonio, afirmó que Chuñil no mantenía vínculos con organizaciones de protección ambiental ni tenía un perfil ambientalista y que, por el contrario, junto a sus hijos Javier y Jeannette se dedicaba a la explotación forestal.

Ese mismo testigo relató que, en octubre de 2024, su marido compró leña en la casa de Chuñil. Según su declaración, en esa ocasión Julia le manifestó sentirse agobiada por los conflictos familiares que mantenía con sus hijos, señalando que “ya era un infierno vivir en su casa”.

El marido de la testigo X.E.A.M. también fue entrevistado en el marco de la investigación. En su declaración, no solo se refirió a cómo Julia Chuñil decía sentirse, sino que además relató una situación que presenció directamente.

Según su testimonio, concurrió a comprar madera y, en ese contexto, fue testigo de una discusión entre Chuñil y su hijo Javier, originada porque este último había olvidado una llave, lo que estaba retrasando la venta. El declarante señaló que, tras ese episodio, Julia le manifestó que “era un infierno vivir en su casa”, razón por la cual prefería salir con frecuencia a caminar hacia el sector de La Fritz.

8 de noviembre del 2024: la última vez que fue vista y la noche de los hechos

Los testimonios incorporados a la carpeta investigativa también permitieron a la Fiscalía reconstruir la cronología de las horas previas a la desaparición de Julia Chuñil y lo ocurrido al interior de su domicilio.

En una declaración entregada el 8 de octubre de 2025, el testigo identificado como A.H.P.M., vecino del sector, señaló que vio por última vez a Julia Chuñil el 8 de noviembre del 2024 en la vía pública alrededor de las 19:30 horas. Según su relato, la observó cuando se trasladaba hacia el predio La Fritz, a la altura del pozo Lastre, acompañada por un sujeto a quien conoce como F (el ex yerno que confesó el supuesto crimen) y por dos perros, uno de ellos negro y blanco con manchas.

El testigo indicó que recuerda con claridad la escena porque uno de los perros intentó morder el neumático de su vehículo, situación que obligó al acompañante de Chuñil a retirarlo utilizando un garrote.

Ese desplazamiento fue corroborado por la vecina E.D.C.S.V., quien en una declaración del 2 de diciembre de 2025 señaló que vio salir a Julia durante la tarde junto a Flavio en una carreta. Agregó que ese día había mucho movimiento en la casa de Chuñil, además de consumo de alcohol, situación que —según indicó— era habitual en ese domicilio.

Los antecedentes sobre lo ocurrido posteriormente al interior de la vivienda fueron aportados por otros testigos. En una declaración del 27 de noviembre de 2025, N.G.P., un nonagenario conocido como Chico Estéreo, quien vivía en una pieza al interior de la casa de Julia Chuñil, relató que esa noche llegó su hijo Javier Troncoso en estado de ebriedad y que intentó quitarle el dinero de la pensión.

“Como no aflojé, me puso un cuchillo en el cuello”, declaró. Según su versión, Julia intervino en ese momento, se produjo un forcejeo y el cuchillo cayó al suelo. Luego, Julia lo tomó y lo lanzó hacia el exterior de la casa. “Siempre quedé con la duda de qué le habría pasado, porque nunca vi más a la señora Julia”, agregó.

Ese relato fue corroborado por el denominado Testigo Reservado 3, en una declaración del 17 de diciembre de 2025. Señaló que presenció la pelea y confirmó lo descrito por el Chico Estéreo. Agregó que luego se retiró a una pieza y que más tarde apareció Jeannette, quien le pidió que se durmiera, indicando que debían “arreglar unos problemas”.

Según su testimonio, posteriormente escuchó gritos y el llanto de una persona en el exterior del domicilio. Al día siguiente, Jeannette le habría dicho que “mi mami Julia se había perdido en el bosque”.

La versión de los hechos fue ampliada por el exyerno de Julia Chuñil, conocido como “Perro Negro”, en una declaración entregada el 15 de enero de 2026, luego de su detención. En ella, corroboró el relato de los testigos presentes y precisó que el cuchillo involucrado tenía una cacha negra. De acuerdo con su testimonio, Javier estranguló a Julia fuera de la casa y luego, junto a Pablo, se llevaron el cuerpo.

“Siempre guardé silencio por el miedo que le tengo a Javier, ya que me ha golpeado en muchas ocasiones. Además, nos amenazó de muerte si hablábamos de lo ocurrido. Ahora que estamos todos detenidos, tengo que decir mi verdad. Yo no maté a Julia y tampoco escondí su cuerpo”, declaró.

Es importante indicar que esta declaración ha sido puesta en tela de juicio por la defensora Karina Riquelme, ya que a su juicio no es válida porque no se emitió frente a un abogado.

La vecina E.D.C.S.V., considerada testigo clave, entregó una segunda declaración el 2 de diciembre de 2025. Señaló que cerca de las 23:00 horas escuchó ruidos provenientes de la casa de Julia Chuñil mientras se encontraba en su quesería.

“Por los gritos, los llantos de los hijos de Jeannette y los golpes en las paredes, estoy segura de que fue una pelea”, declaró. Agregó que, días después de la desaparición, escuchó ruidos durante la madrugada —entre las dos y tres de la mañana—, como martillazos, serruchos y golpes en latas de zinc. 

Julia Chuñil
Julia Chuñil

Las pruebas claves del puzzle de Máfil 

En investigaciones por homicidios, no solo el levantamiento de testigos es relevante para descubrir a los autores del crimen. Una vez que se identifican a los sospechosos, la regla indica configurar el “comportamiento posterior” para descubrir el error. 

Así, Carabineros y la Fiscalía de Los Ríos se enfocaron en darle seguimiento a los hijos, cuyas declaraciones no cuadraban con la desaparición de su madre. Por ejemplo, los tres—Javier, Pablo y Jeanette—relataron que varias especies de Julia Chuñil habían desaparecido con ella: un manojo de llaves, un machete y sus documentos personales. 

Detalle que también ratificaron en la querella que presentaron ante la Justicia. Sin embargo, de forma curiosa, varias de esas pertenencias comenzaron a aparecer en distintos puntos.

Uno de ellos correspondió al llavero que usaba Julia. La policía lo encontró en la casa que tenía la dirigenta mapuche en la toma La Fritz el 8 de febrero de 2025 en medio de diligencias en el lugar. De acuerdo al informe de Carabineros, al que tuvo acceso The Clinic, los uniformados tomaron una fotografía y la dejaron en el colgador.  

Unas semanas antes, la policía había conseguido autorización judicial para instalar cámaras en la toma para registrar el tránsito de personas en la zona crítica. Y hubo hallazgos relevantes. 

Los aparatos secretos registraron a Javier Troncoso haciendo uso de las llaves de su madre para ingresar a la Fritz días antes que los carabineros la encontraran colgadas en el inmueble.  

“Se concluye que Javier Troncoso Chuñil mantenía en su poder al menos una llave del candado marco Oister del portón que divide la toma La Fritz, Forestal Arauco y el predio Benito Huenulef”, se lee en el informe pericial, cuyo análisis advirtió que “cuando estaba acompañado, no usaba la llave y optaba por saltar la cerca, evitando abrir el portón” 

Otro error que habría cometido Javier–principal sospechoso del asesinato de su madre–fue que un mes después de la desaparición de Julia, tomó contacto con una ejecutiva del Cementerio Parque Los Laureles en Valdivia. Según sus mensajes analizados por Carabineros, el imputado preguntó por el precio de una sepultura familiar. 

“Buenos días, ¿está preguntando para un futuro o tiene algún familiar delicado de salud?”, le respondió la funcionaria. 

Respuesta que nunca recibió.

Mientras que Pablo y Jeannette también habrían cometido yerros que debilitaron su credibilidad ante la investigación de la fiscal Tatiana Esquivel. 

Por ejemplo, la hija de Julia comenzó a vender de forma inmediata los queridos animales de su madre. Así quedó expuesto en los chats de texto de su celular y que fueron incautados por la policía. Incluso, su exmarido, declaró que por los bueyes que trasladaban día a día a Julia Chuñil habría recibido $2,5 millones al mes de su desaparición. 

Y, por el lado de Pablo –el hijo más mediático de la dirigenta mapuche–, quien encarnó las vocerías y marchas para instalar que esto sería un crimen de origen político medioambiental, en su poder se encontró la cédula de identidad. Documento que él conocía a la perfección, pues semanas antes del supuesto crimen, acompañó a su madre al Conservador de Bienes Raíces de Valdivia para inscribir un terreno a su nombre.  

Movimientos patrimoniales, que de acuerdo a testigos familiares, habían aumentado la tensión y rencillas entre la madre y sus hijos. 

Un puzzle que sacó del secreto sus piezas y que ahora apunta sus energías a excavar los predios de Huichaco en busca del cuerpo, cuyo hallazgo debería ratificar o no la teoría de la Fiscalía: pasó de ¿dónde está Julia Chuñil? a ¿dónde la dejaron sus hijos?

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